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9/4/08

Hace un mes

Hoy se cumple un mes desde la celebración de las elecciones generales. Atrás quedan el ruido, las interpretaciones apresuradas, los mensajes interesados, los juicios a partir de las expectativas que siempre tienden a la deformación. Cuatro semanas después ha habido tiempo para ganar cierta perspectiva y poner a cada uno en su sitio. Ya no queda neblina y cada vez hay menos sitio donde esconderse. Veamos dónde están los protagonistas gallegos del 9-M.

Partido Popular. La formación mayoritaria en Galicia celebró la jornada electoral como una victoria, pero la realidad no ha tardado en imponerse. Sólo adoptando la estrategia del avestruz es posible no ver que la nave de los conservadores hace agua y se dirige inexorablemente hacia la pérdida del liderazgo político. Alberto Núñez Feijóo lo sabe, estoy seguro, pero atrapado entre la pared de un grupo parlamentario en el que no se reconoce (fue diseñado para estar en el Gobierno y no para hacer oposición) y la espada de la estrategia de una extrema derecha incompatible con el galleguismo de la herencia fraguiana, al líder del PP gallego le quedaban pocas opciones. Todas eran difíciles. Pero la que él ha elegido es la más improbable: esperar a que las contradicciones entre el PSdeG y el BNG y la desaceleración económica provoquen espontáneamente su caída y fuercen el regreso del PP al Gobierno de la Xunta. Mientras espera, ha perdido los ayuntamientos, la Fegamp y una diputación provincial y se enfrenta a una crisis de liderazgo en el PP español a punto de transformarse en una guerra interna de consecuencias impredecibles. Nada de eso va a ayudar a Feijóo en las elecciones.


Partido dos Socialistas de Galicia. Uno de los rasgos más sorprendentes del PSdeG describe al mismo tiempo su principal debilidad: va camino de convertirse en el partido más votado con la estructura partidaria más raquítica de Galicia. Hay dos factores que pueden explicarlo: la rentabilidad del efecto Zapatero, que funcionó en 2004 y volvió a hacerlo hace un mes, y la capacidad de Emilio Pérez Touriño de sacar partido a su protagonismo al frente de la Xunta. Ambos elementos, y probablemente la orfandad de una amplio sector social ideológicamente indefinido y tradicionalmente identificado con las redes clientelares del poder, ha determinado una interesante novedad: el PSdeG lleva 11 años recuperando apoyo social (tocó fondo en 1997, superado por el BNG y abandonado a su suerte por Francisco Vázquez) pero ahora, por primera vez, no crece a costa del nacionalismo, sino del PP. Ese hecho va a dar alas a los partidarios de desdibujar las políticas de izquierdas, convencidos de que es posible incrementar el respaldo político por la derecha. El congreso de los socialistas gallegos, previsto para después del verano, dará pistas al respecto.

BNG. Los peores augurios no se han cumplido. El nacionalismo recupera posiciones por primera vez en siete años y da la razón a los partidarios de convertir a Anxo Quintana y su política de aggiornamento socialdemócrata en la piedra angular del posbeirismo. El Bloque afronta en muy buenas condiciones el año que falta para las elecciones y está en condiciones de explotar al máximo los dos diputados que tiene en el Congreso (en combinación con un PNV en horas bajas van a permitir a los nacionalistas hacerse valor como nunca en la escena estatal). El veredicto de las urnas desalienta además la disidencia interna y garantiza el apoyo de Francisco Rodríguez, el secretario general de la UPG, que sigue estando en el centro del engranaje político del nacionalismo gallego a pesar de haber abandonado el puesto de portavoz en Madrid.

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3/3/08

Cousas que habería que cambiar


Ocórrenseme polo menos cinco cousas que habería que cambiar para que o debate entre os líderes políticos galegos que previsiblemente terá lugar na campaña das autonómicas no sexa como o das eleccións xerais que emitiu TVG a semana pasada:


  1. Unha organización independente. Sí, xa sei que alguén dirá que CRTVG o foi, pero tamén hai quen sostén o contrario. Polas dúbidas, eupropoño dende xa ó Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia, una entidade de dereito público creada co apoio de tódolos partidos e á que todo o mundo (alomenos todo o mundo razoable) recoñece ter mantido posicións críticas coas prácticas da Xunta tanto na época do PP como na do bipartito.
  2. Tres debates en vez de un. O triángulo organizado por TVG distou moito de ser equilátero (ás veces parecía isósceles) e nestas circunstancias o xogo de alianzas adultera a discusión. É, por así decilo, como permitir os pactos no parchís: detúrpase o espíritu do xogo. Eu propoño tres debates a dous: Touriño-Feijóo, Feijóo-Quintana e Quintana-Touriño. Nesta orde ou noutra, eso tanto ten (para eso sí valen os sorteos). Dese xeito os cidadáns terán ocasión de contrastar que separa de verdade a PP e PSOE, pero tamén a PSOE e BNG e a PP e BNG (cuestión fundamental que se nos furtou no debate da galega).
  3. Xornalismo, por favor. Ata o de agora o importante era que debateran, así que ninguén quixo poñer pegas formais. Pero xa temos visto o que pasa cando os políticos son os que fixan as reglas: moito ruido e poucas noces. Por eso fai falla xornalismo, para facer as preguntas que lles interesan ós cidadáns. Se queren conservar un moderador que faga de garda de tráfico, por min ben, pero o que de verdade importa é un panel de xornalistas que fagan preguntas e impidan ós políticos que podan limitarse a ler os textos que levan preparados.
  4. Menos lobos. Os telespectadores dos países nos que o debate políticos é habitual quedarían perplexos vendo cómo tratamos de converter os debates nun espectáculo boxístico para novos ricos. Non viría mal un pouco de sobriedade para centrar a atención no que de verdade importa.
  5. Unha mesa, non un campo de aterraxe de helicópteros. Por que os realizadores se empeñan en situar ós candidatos tan lonxe os uns dos outros? Máis grande non significa sempre nin necesariamente mellor (tampouco en televisión). Aquí tamén deberíamos aprender daqueles países con experiencia e que sentan ós contrincantes tan perto que se poden tocar. Dese xeito e de cando en cando unha soa cámara pode amosar ó que fala e ó que escoita (ás veces ten máis interese ver que fai e como reacciona o que non ten a palabra que fixarse no que está a falar).

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26/2/08

Debate y periodismo


He leído en alguna parte que en el debate entre Rajoy y Zapatero faltó periodismo. Y es verdad. Pero así debía ser. El papel del moderador, en estos casos, es el de un guardia de tráfico que se limita a dar paso y a controlar los tiempos, porque ni hay preguntas ni repreguntas, algo esencial para un periodista. Quizá por eso lo organizó la Academia de Televisión  y no un colectivo de periodistas, que seguramente habrían introducido (como se hace en Estados Unidos) un panel de preguntas a cargo de destacados profesionales. Aún así, el espectáculo mereció la pena y ha vuelto a demostrar la falsedad de que la política no interesa: una de las mentiras electorales más extendidas.


Mientras esperamos el segundo debate, me pregunto si los líderes políticos gallegos aceptarían participar el año que viene, justo antes de las elecciones autonómicas, en un debate organizado por el Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia. Imagino que no: tienen miedo a perder el control...

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25/2/08

Arrancan las autonómicas


"Se equivocarían si lo hicieran". En el Partido Popular no olvidan el error cometido por Manuel Fraga al adelantar las elecciones autonómicas de 2005 y no creen que Emilio Pérez Touriño vaya a tropezar en la misma piedra. Ponen como ejemplo lo ocurrido a su presidente fundador, que perdió el poder tras 16 años de mayorías absolutas, pero también utilizan al BNG como argumento. Los nacionalistas, dicen, no van a permitir un adelanto, sobre todo si acaban entrando en el juego de los pactos que el PSOE puede necesitar durante la próxima legislatura.


La hipótesis de un anticipo de las autonmicas no pasa de ser una mera especulación de laboratorio impulsada por una parte del equipo del presidente de la Xunta, pero el mero hecho de que haya sido puesta sobre la mesa hace que todos los análisis acerca del escenario político de Galicia después del 9 de marzo se vean obligados a estudiarla.

El calendario oficial establece que las elecciones gallegas deberán celebrarse, como muy tarde, en junio del año que viene, pero todo apunta a que socialistas y nacionalistas anticiparán los comicios al menos a principios de marzo para evitar que coincidan con las europeas. Sería, en ese caso, un adelanto "técnico" y no político, porque en la legislatura estaría de hecho prácticamente agotada. En cambio, lo que algunos están considerando es la posibilidad de acudir a las urnas el próximo otoño.

En las direcciones de los tres partidos parece haberse consolidado la idea de que una victoria clara de José Luis Rodríguez Zapatero, especialmente si viene acompañada de un triunfo socialista en votos y en escaños en Galicia, es suficiente para que los partidarios del anticipo electoral animen a Touriño a examinar en serio la posibilidad de hacer uso de su prerrogativa legal y adelantar la cita con las urnas al mes de octubre, antes de que comience la negociación de los Presupuestos de 2009.

En el BNG están convencidos de que si el PSdeG se convierte en la primera fuerza política de Galicia va a tener que hacer frente a la tentación de disolver el Parlamento y tratar de rentabilizar ese ascenso en la urnas. Hay un sector del PSOE, dicen, que cree incluso que podrían estar en situación de gobernar en solitario. "Consideran lo de Lugo [donde el socialista Xosé López Orozco gobierna en minoría] un laboratorio; un ensayo" de lo que podría ser una legislatura con un gobierno monocolor que se apoyase alternativamente en el Bloque o en el PP, según los casos. Hay a quien le gustaría promover "una polarización como la del Estado", un sistema a dos bandas (PP y PSOE) mucho más cómodo para ambas formaciones porque eliminaría la necesidad de contar con el BNG.

En el PP y en algunos sectores del PSOE añaden a la ecuación un posible retroceso electoral del Bloque, especialmente si es lo suficientemente significativo como para desatar una crisis interna en la organización nacionalista. Una opinión extendida en los partido estatales es que la pérdida de apoyo ciudadano que experimenta el Bloque desde 2001 va a continuar y en ese caso Quintana no puede seguir liderando fracasos electorales y "hacer como que no pasa nada".

No obstante, falta muy poco para las autonómicas y todo indica que, aun con un mal resultado, el Bloque cerrará filas y presionará para prolongar la legislatura y rentabilizar al máximo su presencia en la Xunta. "Lo lógico es agotar el mandato", aseguran desde las filas nacionalistas.

En el PP creen que, en todo caso, la dependencia del BNG obliga a Touriño a consultar con sus socios, una opinión que comparten algunos socialistas: "Lo razonable es continuar hasta el final" de mutuo acuerdo para estar "en condiciones de volver a pactar en el futuro". Desde el entorno del presidente apuestan también por "agotar la legislatura". Pero subrayan, por si las dudas, que la ley le atribuye "sólo a él" la capacidad de disolver el Parlamento.

La mayoría de los dirigentes gallegos cree que lo más probable es que el 9-M revalide el equilibro de poder en vigor desde las autonómicas de 2005. De hecho, en las filas socialistas, aunque se sigue dando por segura la conquista de un escaño por Ourense, empieza a imponerse la idea de que va a perder un diputado en A Coruña. De ser así, el PP conservaría su predominio en Galicia en votos y escaños (11) a pesar del ascenso del PSdeG (10) y el BNG mantendría su posición (2). "No va a ser fácil ser la fuerza más votada", admitía esta semana un dirigente socialista. Si el resultado es este, en lo que se refiere a Galicia todo va a depender de lo que pase en Madrid. Con Rajoy en el Gobierno, Feijóo llegaría "vivo" a las autonómicas y el bipartito se vería obligado a prolongar al máximo su mandato. Si el que gana es Zapatero, bajarán al mínimo las posibilidades del PP gallego de recuperar el poder.

Los grupos que apoyan a la Xunta dan por sentado que si Rajoy es derrotado y el PP retrocede en Galicia Feijóo tendrá serias dificultades. Algunos advierten que "las navajas" en contra de "Feijóo y de su equipo" saldrán a relucir "a la mínima". Otros sitúan a José Luis Baltar al frente de una revuelta protagonizada por los muchos alcaldes incomodados por la indigencia en la que les ha dejado la pérdida de poder en España y en Galicia.

En el seno del PP las cosas no se ven del mismo modo, pero no abunda el optimismo. El liderazgo de Feijóo "no está en discusión en estos momentos", apunta un dirigente del partido con escaño en el Hórreo "y no se puede cuestionar, no tiene sentido". "Otra cosa es", advierte un compañero suyo, lo que puede ocurrir "después de las autonómicas" si Feijóo pierde frente al PSOE y el BNG. "Ahora mismo puede haber opiniones diversas pero nadie estaría dispuesto a dar el paso" de enfrentarse a Feijóo, pero después sumaría "dos fracasos seguidos". Incluso sería muy probable, afirma el mismo dirigente popular, "la aparición de una fuerza alternativa al PP".

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19/2/08

Chiringuitos, mensajes y dobles raseros

Chiringuitos. En la lista del debe del actual Gobierno bipartito hay que reservar un espacio destacado a la administración paralela, tantas veces denostada por socialistas y nacionalistas cuando estaban en la oposición. En vez de dar marcha atrás y desmontar el aparato de entidades creadas por el PP con el único fin de escapar del control público, tal y como se habían comprometido a hacer antes de las elecciones, los gobernantes gallegos profundizan cada vez más en las prácticas que antes criticaban. El último ejemplo, hoy mismo en el Parlamento, con la creación de la Axencia Galega de Industrias Culturais, que la conselleira Ánxela Bugallo no ha dudado en defender apelando a las ventajas del derecho privado.El mensaje equivocado. Pues claro que Kosovo sienta un precedente: el de un territorio que decide su futuro al margen del derecho internacional (el acta de Helsinki y las resoluciones de Naciones Unidas). El que no quiera verlo actúa siguiendo la táctica del avestruz, no el de la razón. Y si el argumento para distinguir lo ocurrido en la antigua provincia Serbia de cualquier hipótesis parecida de aplicación en España (especialmente en Euskadi) es que aquí no se ha producido un conflicto sangriento y una intervención extraordinaria por parte de la OTAN y la ONU, sólo estaremos señalando que el camino a la autodeterminación pasa por desestabilizar el statu quo. Y ese no sólo es un mensaje muy peligroso sino que además es mentira, como saben muy bien los chechenos.
Doble rasero. Y digo yo que si lo de las protestas e insultos contra María San Gil en Santiago fue a consecuencia del Gobierno de coalición PSOE-BNG, tal y como afirmó en su día El Mundo, lo de las protestas e insultos contra Rosa Díaz en Madrid debe ser culpa de Esperanza Aguirre…

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18/2/08

Eficacia, indecisión, cultura

Hipocresía. Ricardo Varela, el secretario de Organización de los socialistas gallegos, apela a razones de “eficacia” para justificar que la Xunta entregase un billete de avión de ida y vuelta a una emigrante retornada a través de una diputada de su partido (que casualmente es la responsable de Emigración del PSdeG). El mismo argumento, sin ir más lejos, es el que emplea el PP para explicar que Alberto Núñez Feijóo, el presidente de los conservadores gallegos, hiciese de correo de la Diputación de Pontevedra para entregar un cheque por valor de 30.000 euros al presidente del Centro Gallego de México. En aras de la misma “eficacia”, unos y otros acabarán tratando de convencernos de que las consellerías deben distribuir las viviendas sociales a través de los diputados. O que el subsidio de desempleo debería tramitarse en las sedes de los partidos... 

2.727.421. Las encuestas del fin de semana son bien reveladoras:
  1. El 51% de los ciudadanos prefiere una victoria del PSOE frente a un 31% al que le gustaría que ganase el PP. 
  2. La intención directa de voto de los socialistas está en el 36,4%, 11,5 puntos porcentuales por encima de los conservadores. 
  3. La crisis económica se ha instalado en el inconsciente colectivo pero, cuando menos, sigue siendo difícil de percibir: el 52% de los españoles cree que la situación de España en estos momentos es mala o muy mala, aunque el 44% reconoce que su situación económica personal es buena o muy buena. 
¿Qué explica, entonces, que las encuestas atribuyan sólo un 1% de diferencia en voto estimado entre el PSOE y el PP? La respuesta está en la capacidad de cada partido de movilizar a sus propios votantes. La inmensa mayoría de los partidarios del PP ya ha decidido que va a votar el próximo 9 de marzo pero una de cada cuatro personas que votaron a Zapatero en 2004 no ha decidido todavía qué va a hacer. Son 2.727.421 personas (algo más que la población de Galicia) sobre los que recae la responsabilidad de decidir el futuro. Zapatero, Rajoy y todos nosotros estamos en sus manos.La verdadera integración. El debate sobre la inmigración no debería girar en torno a la cultura entendida en términos etnográficos, ni muchos menos en torno a las costumbres, como reclama la caspa de la ultraderecha. El verdadero debate tiene que ver con la cultura de la razón, tal y como se entiende desde el punto de vista de la ilustración. “La cultura como lo opuesto a la ignorancia”, explica Soledad Gallego-Díaz en El País.

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15/2/08

Campaña caliente

El arte de la manipulación. En el arranque de la campaña, PSdeG y PP compiten por ver quién es capaz de llevar más lejos el arte de la manipulación. Primero fueron los socialistas, que aún a día de hoy mantienen que Alberto Núñez Feijóo entregó un cheque por valor de 30.000 euros de los presupuestos de la Diputación de Pontevedra al Centro Gallego de México. Después fue el PP, que contraatacó sugiriendo, también sin pruebas, que el dinero que los socialistas están gastando durante la precampaña en Argentina tiene un origen dudoso. La falta de escrúpulos de ambas formaciones anticipa una campaña gruesa, difícil de digerir. Y, lo que es mucho peor, revela hasta qué punto coinciden en el desprecio a los ciudadanos, a los medios de comunicación y a la verdad.Destruir para no perder. Si no puedes ganar, al menos impide que lo haga tu adversario. Ese sencillo principio es el que está detrás de la estrategia de los políticos (y de los tertulianos) que han perdido la batalla de los argumentos. Si el rival se adueña del diálogo a través de la razón, se impone el ruido y se pone fin a cualquier posibilidad de acuerdo. Si estás dando la impresión de no ser de fiar, tienes que conseguir que la audiencia crea que todos los políticos son iguales. Así, en pleno naufragio de la democracia, tu fracaso se notará menos. Estad atentos porque sospecho que vamos a ver a menudo ejemplos notables de este comportamiento.
El caso San Gil. Aquí y en Roma, el aparato político-mediático de la derecha (en adelante APMD) sabe qué música tiene que tocar para que todos, la prensa independiente también, bailen el ritmo que ellos quieren marcar. AGIR, que en el pasado ya lo intentó sin éxito con el delegado del Gobierno o con el Fiscal General de Estado, consiguió el martes lo que nunca soñó: todo el protagonismo en plena precampaña electoral. El APMD, huérfano estos días de la kale borroka que necesita para echársela en cara al Gobierno (como si ETA y sus admiradores hubiesen sido fundados por Zapatero) halló en las dos docenas de agitadores que acudieron a insultar a María San Gil en la Facultad de Económicas de Santiago una troupe de figurantes esencial para su discurso sobre el terrorismo. Aún hoy en Madrid se habla de agresión (no llegó a producirse) y se dice abiertamente que lo ocurrido es consecuencia directa del pacto PSOE-BNG. La prueba del nueve de la intencionalidad de los conservadores en la gestión de estos hechos es el empeño que pusieron en hacer imposible una condena unánime del incidente nen el Parlamento de Galicia. O el empeño con el tratan de hacer ver que en Galicia existe un conflicto lingüístico que sigue siendo invisible a los ojos de la mayoría.

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31/5/07

Ganadores y perdedores


Diario de Campaña (5)
¿Todos han ganado? Es evidente que no. Las elecciones del domingo, al menos en Galicia, son un ejemplo de cómo una ligerísima variación en la decisión de los votantes puede poner patas arriba todo un mapa político. Examinemos las principales magnitudes partido a partido.


1. Partido Popular
Veamos primero los concejales. Su número es importante, al fin y al cabo es lo que elegimos los que fuimos a votar (y los que no, aunque ellos crean lo contrario). En cifras absolutas el PP se lleva el gato el agua, pero el partido de Alberto Núñez Feijóo haría muy mal en celebrar el resultado como una victoria. Porque aunque ha conseguido 1.789 de los 3.847 puestos a cubrir (el 46,5% del total), ha perdido 253 (un 12,3% menos).
El cómputo de alcaldías es todavía relativo, porque muchas de ellas dependen de que fructifiquen o no los pactos poselectorales. No obstante, a la vista de los resultados y teniendo en cuenta los precedentes de otros años, no es aventurado suponer que el PP se quedará al final con entre 150 y 160, lo que significa que, por primera vez en dos décadas, los conservadores gallegos sólo tendrán bajo su control a la mitad de los ayuntamientos de Galicia.
Van a ser, en todo caso, municipios con poca población. El mayor de ellos es el de Ribeira, una localidad de apenas 30.000 habitantes. De hecho, apenas el 30% de los gallegos tendrán alcalde del PP durante los próximos cuatro años.
En cuanto a las Diputaciones, el PP mantiene el dominio en número de diputados en las cuatro, pero no sólo no recupera la de A Coruña sino que va a perder el control de la de Lugo.
Prestemos atención ahora al número de votos. El PP ha perdido 39.227 (un 1,65% menos) en comparación con las elecciones de 2003. Sus 656.195 sufragios les sitúan en primer lugar, pero no sólo representan menos del 40% del total (la cifra más baja desde que el PP sustituyó a UCD como referencia en el centroderecha) sino que son 137.619 menos que los de la izquierda (entendiendo por tales los del PSdeG y el BNG juntos). Hace cuatro años la diferencia era de 83.066 votos, lo que significa que se ha incrementado más de un 65%. Si sumamos los votos de los tres grandes partidos, los del PP representan el 45,25%.
Alberto Núñez Feijóo ha celebrado los resultados porque tiene más concejales, más alcaldes y más votos que nadie. Y ha pasado por alto que son los peores que obtiene su partido en unas municipales en 20 años. No sólo tendrá menos poder que nunca sino que su influencia, limitada a las zonas rurales, sólo alcanzará a un tercio de la población.

2. PSdeG
Los socialistas han ganado 190 concejales (un incremento del 20,4%) y ahora tienen un total de 1.117 ediles. Son 672 menos que el PP, lo que significa que, en lo que se refiere a esta magnitud, desde 2003 la diferencia entre ambas formaciones se ha reducido casi un 40%.
Todavía no hay pactos, pero es más que probable que, a partir del 16 de junio, el PSdeG sume más de un centenar alcaldías, casi un tercio del total. Es una cifra sin precedentes para los socialistas, pero lo verdaderamente relevante es que se trata de municipios que, en conjunto, son el hogar del 60% de los gallegos. Los socialistas retroceden en A Coruña, Lugo y Santiago y avanzan en Pontevedra, Ferrol, Ourense y Vigo. El balance final es que siete de las ocho localidades con más población tendrán alcalde del PSdeG.
En el ámbito provincial, el PSdeG amplía su control de las diputaciones sumando Lugo a la de A Coruña.
Fijémonos ahora en los votos. Los socialistas ganaron exactamente 2 puntos y 25.208 votos en comparación con las elecciones de hace cuatro años. Ahora mismo están a 10,7 puntos y 177.830 votos del PP, cuando hace cuatro años la distancia era de 14,45 puntos y 242.265 sufragios. Se ha reducido, pues, un 26%.
Emilio Pérez Touriño ha celebrado los resultados porque su partido es el único que crece en cifras absolutas y relativas y en todas las magnitudes. Y se apoya en el liderazgo socialista de la alternativa de izquierdas al PP para asegurar que la alianza PSdeG-BNG que ha hecho posible el Gobierno bipartito de la Xunta ha ganado las elecciones municipales.

3. BNG
Los nacionalistas han conseguido 661 concejales. Son 65 más que en 2003, lo que representa un incremento del 11%.
En el capítulo de las alcaldías es donde la ganancia del Bloque se hace más evidente, porque los pactos pueden permitirle duplicarlas y conseguir hasta una treintena de bastones de mando. En términos de población, aproximadamente un 10% de los gallegos tendrán alcalde nacionalista. El BNG conservará además la alcaldía de Pontevedra y por primera vez tiene ante sí la posibilidad de formar parte de los gobiernos municipales de las otras siete ciudades.
Lo curioso es que este balance, positivo en número de ediles y tremendamente favorable en las alcaldías, no se corresponde con el número de votos. De hecho, el Bloque recibió el domingo 9.882 votos menos (una caída de 0,26 puntos porcentuales). La caída de votos del PP le permite ganar posiciones relativas en relación con los conservadores pero en cambio los nacionalistas han perdido peso en lo que se refiere a los socialistas.
Anxo Quintana celebró los resultados porque el BNG prácticamente ha detenido la caída electoral que inició en 2001 (el retroceso es prácticamente nulo) y ha logrado su objetivo de duplicar sus alcaldías.

De todo ello cabe extraer algunas conclusiones:
1. El PP pierde votos, concejales, alcaldes y, sobre todo, poder local, el único soporte institucional que le quedaba después de perder el Gobierno central y la Xunta. Los conservadores acudieron a las urnas con el objetivo de conservar tres diputaciones, las ciudades de Ferrol, Ourense y Vigo y el liderazgo en número de votos. Hoy sólo conservan la primera posición en apoyo popular y han fracasado en los demás objetivos.
2. El PSdeG gana en todas las variables en las que el PP pierde, lo que significa que sale notablemente reforzado de las elecciones. Su objetivo eran siete de las ocho ciudades, tres diputaciones y convertirse en la fuerza más votada. No han conseguido el número uno de apoyo ciudadano y se han quedado sin la Diputación de Pontevedra, pero han alcanzado el resto de sus objetivos.
3. El BNG se proponía entrar en los gobiernos municipales de todas las ciudades, duplicar los municipios gobernados por un nacionalista, conservar la alcaldía de Pontevedra y conquistar Ourense. Han retrocedido en voto en varias ciudades pero, salvo el objetivo de As Burgas, se puede decir que han alcanzado su pretensión.
4. La izquierda (con permiso de la redefinición que del BNG hizo Quintana en plena campaña) gana a la derecha, también en las municipales. El mito de la Galicia conservadora se tambalea.
5. El hecho de que no haya mayorías absolutas en las ocho ciudades más pobladas beneficia, sobre todo, a Emilio Pérez Touriño. Su mayor riesgo, el renacimiento de las baronías de la mano de alcaldes todopoderosos ya no existe. Losada y Orozco son un problema más pequeño para el presidente si tienen que entenderse con los nacionalistas y Bugallo y Caballero son mucho menos peligrosos si carecen de poder absoluto.

Y una obviedad final que no siempre se tiene en cuenta:
Las elecciones locales son elecciones locales. Yerran quienes creen que los ocurrido el domingo anticipa lo que va a pasar en las generales. Los electores no son tontos y saben lo que están votando. Son muy pocos los ciudadanos que el domingo fueron a votar pensando en Acebes, Zaplana o Zapatero, y muchos los que lo hicieron (o dejaron de hacerlo) teniendo muy presente la situación de su barrio.

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18/5/07

Diez mentiras sobre las elecciones


Diario de Campaña (4)
Ha aquí mi lista de los diez tópicos más habituales a tener en cuenta en unas elecciones:

1) Todos los políticos son iguales
2) El voto no sirve para nada
3) El gasto electoral es un despilfarro
4) Las encuestas son invenciones inútiles
5) La política es una actividad corrupta
6) Los políticos ganan demasiado
7) Debería gobernar el candidato más votado
8) Los candidatos se dedican a insultarse en vez de explicar sus propuestas
9) La campaña electoral no modifica la intención de voto
10) La política no interesa a nadie

Veamos por qué.

(la imagen es de Orca Ruga Bin)


Todos los políticos son iguales. Es una simplificación completamente alejada de la realidad y una afirmación que sólo se sostiene desde el interés o la desinformación. No sólo no son iguales un político del PP y uno del BNG sino que tampoco son iguales, ni mucho menos, dos políticos del PSOE. La política en Galicia y en España está llena de ejemplos que evidencian la falsedad de esta afirmación.
El voto no sirve para nada. Bastaría con una reducción al absurdo para demostrar esta impostura: si todo el mundo la suscribiera, nadie votaría y sería el fin de la democracia participativa. Esta afirmación se apoya en una circunstancia aritmética que alimenta la sensación de la inutilidad del sufragio: la dimensión del universo de votantes. Sobre un censo de tres personas, un voto parece algo decisivo; sobre uno de 3 millones, aparenta no servir para nada. La idea es simple y se basa en despreciar la importancia de la acumulación. El individuo frente al cuerpo social. Y es mentira. No habría cuerpo social, no habría mayorías ni minorías sin la acumulación de los individuos. Hace cuatro años Francisco Vázquez logró la alcaldía por menos de 200 votos. Sé de algunas personas que no fueron a votar y se tiraron de los pelos cuando descubrieron que con su voto habrían conseguido echar a Vázquez de María Pita, tal y como deseaban. Todos los votos cuentan, es una obviedad matemática. Aunque haya quien no se la crea en la realidad democrática. Incluidos los que se quedan en casa o los que depositan el sufragio en blanco: creen que se mantienen al margen pero en realidad con su decisión están delegando lo que va a suceder en quienes sí votan a una candidatura concreta. Quienes creen que de esa forma se mantiene al margen del sistema se engañan. La realidad no desaparece porque ellos cierren los ojos, sigue desarrollándose ante ellos, aunque sea con su pasividad cómplice.
El gasto electoral es un despilfarro. Los partidos gastan millones en las campañas electorales, pero contrariamente a lo que trata de sostener esta afirmación, ese dinero no se volatiliza. Imprentas, empresas de alquiler de equipos de sonido, organización de eventos, vehículos y locales, fabricantes de papel, vendedores de merchandising y toda clase de empresas, grandes y pequeñas, así como sus empleados, se benefician del dinero que pone en circulación una campaña. En términos puramente económicos las campañas no derrochan más que las fiestas patronales de cualquier localidad. Y nadie se queja de ellas. Eso sin contar con el hecho de que, efectivamente, la democracia es el sistema político más caro. Pero el hecho de que los totalitarismos sean baratos no los hace mejores. Al contrario; a la larga acaban resultado mucho más caros, sobe todo en términos de derechos humanos,
Las encuestas son inventos inútiles. Las encuestas ni son inútiles ni son inventos. Al menos cuando se hacen bien y no se diseñan exclusivamente para influir en la opinión pública señalando tendencias inexistentes. La demoscopia es una ciencia por más que su realización la haya desprestigiado y es un instrumento extraordinariamente útil para predecir escenarios a partir del examen de conjuntos sociales muy extensos. Tan útiles son que las usamos a diario fuera de la política para apoyar argumentos y toda clase de criterios sociales, culturales y económicos. Y los propios políticos no pagarían grandes cantidades de dinero por encuestas que no hacen públicas y que les permiten establecer prioridades y fijar estrategias. La credibilidad de las encuestas que se difunden, como en el caso de las noticias, depende de los medios que les sirven de soporte. Y así deben ser juzgadas.
La política es una actividad corrupta. Hay políticos corruptos pero probablemente no son la mayoría. Así que es posible concluir que la mayoría de los políticos no son corruptos. Al menos en un proporción diferente al resto de los colectivos sociales, porque no cabe afirmar fundamentadamente que la política soporte un grado de corrupción mayor que la actividad económica, el deporte o e periodismo. Lo más habitual es que la corrupción, cuando anida en una sociedad, contamine por igual a todos sus estamentos. Asegurar que los políticos son más corruptos que los médicos, los abogados o los policías es un ejercicio de hipocresía que toma como muñeco de feria al grupo social más expuesto a la crítica pública. Pero nunca se ha sostenido con pruebas.
Los políticos ganan demasiado. El sueldo de los políticos es con frecuencia motivo de discusión, ni siempre basándose en criterios objetivos. El salario de alguien siempre es una magnitud relativa. 1.500 euros netos al mes, por ejemplo, puede parecer escaso para alguien que, por ejemplo, ha tenido que dedicar años de formación y de trabajo para alcanzar esa nómina, pero parece descomunal a los ojos de un pensionistas que no alcanza los 600 euros al mes. Por el contrario, puede parecer que tenga mucho sentido que algunos artistas cobren, por ejemplo, 6.000 euros netos por media hora de actuación, o que el consejero delegado de un banco ingrese 24.000 cada mes, planes de pensiones aparte. El salario está, con frecuencia, vinculado a la situación de mercado, depende de la proporción entre la oferta y la demanda así como de la formación, la experiencia y, a veces, el prestigio. Si la sociedad, a partir de esos valores, decide pagar buenos sueldos a los responsables de empresas, ¿por qué ha de parecernos más remunerar del mismo modo el gobierno de lo público, una empresa mucho más importante para la colectividad que las de propiedad privada? Pretender que a nuestros políticos se les paguen sueldos ridículos, o incluso que no se les pague, es pura demagogia inconsistente.
Debería gobernar el candidato más votado. Es una de las mentiras habituales entre los partidos y los candidatos que a menudo obtienen el apoyo mayoritario de los ciudadanos pero que al mismo tiempo son incapaces de llegar a acuerdos con otras formaciones políticas. Sólo gobierna el candidato más votado en los sistemas políticos mayoritarios, donde el que más votos obtiene se lo lleva todo, sea el 50% o el 10%. Pero en España el sistema político, pactado por todos los partidos, es el proporcional, y en él la representación se reparte en función del porcentaje de votos: si logras el 50%, te quedas con el 50%, pero el que logra el 10%, recibe también el 10% (los porcentajes, en la práctica, no son exactos, porque, por ejemplo en España, se aplica la corrección matemática conocida como Ley d’Hondt, que siempre prima a los más votados y perjudica a los de menos apoyo). Por eso quien reclama que gobierne el más votado pretende algo ilegal; primero que proponga modificar la ley electoral o guarde silencio. El sistema proporcional permite y facilita construir mayorías y la mayoría siempre está más legitimada que la minoría, por más que resulte de la agrupación de dos o más voluntades.
Los candidatos se dedican a insultarse en vez de a explicar sus propuestas. El tiempo que los candidatos dedican a insultarse es sorprendentemente pequeño en comparación con el que consumen en la explicación de sus propuestas. Los culpables de esta mentira son los medios de comunicación, que siempre prefieren los insultos, mucho más llamativos y noticiables, a las propuestas, con frecuencia aburridas y pesadas. Muchos ciudadanos tienen la misma preferencia porque prestar atención a proyectos e iniciativas exige más esfuerzo que pasar simplemente el tiempo observando cómo los políticos se despellejan mutuamente.
La campaña electoral no modifica la intención de voto. Es verdad que la mayoría de los ciudadanos con derecho a voto llegan a la campaña con una decisión tomada. Sin embargo, un porcentaje muy significativo de los votantes duda sobre que hacer hasta el último día. Son pocos los que se debaten entre dos opciones pero sí muchos los que no saben si votar en una dirección quedarse en casa. Por esa razón los partidos concentran sus esfuerzos en movilizar a sus afines más que en convencer a los contrarios. Quien motiva lo suficiente a sus seguidores como para ir a votar suele llevarse el gato al agua.
La política no interesa a nadie. Es una mentira muy habitual, no sólo entre sesudos expertos sino entre los ciudadanos del común. Pero es difícil de sostener con datos. Una actividad como la política, con notables consecuencias sobre la vida práctica de las personas, es probablemente una de las cosas que más interesa a los ciudadanos. Basta con recordar cuánta gente vota en unas elecciones que, en el caso de Galicia, por ejemplo, se acerca habitualmente al 75%. Eso son tres de cada cuatro personas con derecho a voto. Se me ocurren pocas cosas capaces de interesar a más gente, ni siquiera el fútbol. Si nos fijamos en las cifras de audiencia de los debates más recientes en TVG obtendremos una conclusión parecida. Y si nos fijamos en los diarios de información general más vendidos de España, caeremos en la cuenta de que son, al mismo tiempo, los que más espacio dedican a la información política.

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9/5/07

Como chiquillos


Diario de Campaña (3)
La semana empezó en domingo, como si fuéramos anglosajones. Y arrancó en Vigo, con ZP como principal atracción, y con un Touriño que cosechó, para sorpresa de muchos, más aplausos de lo que en él es habitual. O era, porque, aunque a lo mejor es pronto, si se confirma como reclamo electoral tendremos ante nosotros la prueba del nueve de cómo la jefatura institucional moldea el liderazgo político.


Siempre he sospechado que atribuimos a nuestros políticos una talla que no tienen. Que los percibimos de forma diferente por el mero hecho de ocupar uno u otro cargo, aunque se trate de la misma persona. Dejamos que el contexto, en este caso el sillón presidencial, modifique la realidad que tenemos ante nuestros ojos. Habrá que estar atentos, en los próximos días, al verdadero alcance de ese fenómeno.
Mientras tanto siguen las escaramuzas de esa guerra sorda que mantienen, desde hace meses, los dos socios del bipartito. La semana pasada vimos cómo el caso el episodio de los cheques asistenciales para la emigración servía de pretexto para uno de los mayores desencuentros de la legislatura. Y este lunes hemos asistido a unan nueva batallita, en este caso a cuenta del control de TVG, resultado de un equilibrio insostenible que es en sí mismo una herida mortal para los medios públicos.
Son como chiquillos. Y por eso todo parece un juego. Aunque en rigor no lo sea y, de verdad, el 27 de mayo estén en juego más cosas que las que, con su comportamiento aparentemente frívolo, nos quieren hacer creer.

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1/5/07

Disparados


Diario de Campaña (2)
Anxo Quintana reúne a los candidatos a las alcaldías de las siete capitales y a la conselleira de Vivenda, Teresa Táboas, para el ceremonial de los compromisos. Firman un papel, igual que el candidato de Bande firma ante notario, para que les creamos más.

Tiene razón el PP cuando ridiculiza estas prácticas. Si hacen falta fedatarios públicos (notarios o periodistas) es que algo está fallando en la credibilidad de nuestros políticos y no va a mejorar gran cosa por que haya papeles de por medio. La cita es en el mismo salón de un hotel compostelano en el que hace ocho días el PP celebró el alumbramiento de su programa electoral y la hora es intempestiva, porque es 1º de Mayo y los candidatos tiene que llegar a tiempo a las manifestaciones que la CIG ha convocado en cada una de las ciudades de las que proceden.
Corbata para todos menos para Táboas y el propio Quintana, cómodo en su look de fin de semana. El vicepresidente no se extiende, sabe de las prisas de sus candidatos. El tema vuelve a ser el urbanismo y habla lo justo para hacer ver que el BNG tiene las manos limpias en el toma y daca de la corrupción de sus rivales. Y para prometer 27.000 viviendas protegidas en cuatro años en las siete capitales para el caso (improbable) de que todos sus candidatos consigan llegar a la alcaldía.
El primer en huir, a la carrera, es el único alcalde presente. Fernández Lores se sube de un salto en el coche oficial y sale disparado.

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El calamar


Diario de Campaña (1)
Alfonso Rueda habla de los alcaldes constructores con esa ambigüedad calculada tan habitual en los políticos que gustan de administrar cuidadosamente la información, no vaya a ser que se les escapen demasiados datos. Rueda se ha convertido en la tanqueta del PP. Inasequible al desaliento, avanza contra viento y marea y caiga quien caiga. Un día compara al alcalde de Foz con De Juan Chaos, otro juega con las palabras para llamar a la conselleira de Política Territorial la becaria de Touriño.

Hoy pone cara de calamar y señala con el dedo a los candidatos socialistas de Baiona y Ribeira de Piquín, supuestos constructores (muy supuestamente, a la vista del registro mercantil, pero esa es otra historia) para llenar de tinta el espacio público y hacer invisibles a los alcaldes del PP que, con las bendiciones de su partido, deciden por la mañana cuánto vale del suelo para dedicar la tarde a averiguar a cuánto nos van a cobrar los pisos.
Aprovecha Rueda para preguntarse qué hace Touriño en Canarias en vez de estar negociando con Fomento cómo suprimir los pasos a nivel de Valga. Da igual que ambos hablaran en Galicia hace sólo cuatro días y que los pasos a nivel ya estuviesen ahí cuando gobernaba el PP. Detalles, detalles sin importancia. Lo importante es hacer ver que Touriño no está, que se fue a Canarias. ¿Y dónde está Feijóo? ¿De puente?

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