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Mostrando entradas con la etiqueta Fotografía. Mostrar todas las entradas
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3/10/08

Aniversario


La revista norteamericana Esquire, una de las que mejor ha sabido y sigue sabiendo entender la función de la cover, celebra su 75ª aniversario colgando de la red sus portadas. Desde 1933.

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13/11/07

El viaje de una madre


Renée C. Byer es una fotógrafa norteamericana que trabaja para The Sacramento Bee, uno de los diarios californianos que más se distinguen por su cuidado diseño y una extraordinaria edición gráfica. La serie de fotografías que realizó para ilustrar El viaje de una madre, un reportaje sobre el cáncer infantil, es de las que reconcilian el periodismo con la realidad. Atrévete a verlas.

Y de paso descubre la clase de periodismo que es posible hacer desde los medios impresos, incluso desde los diarios, cuando se entiende cuál es su verdadero papel y no se cede al deslumbramiento de la televisión y al artificio de Internet. El trabajo de Byer obtuvo el Pulitzer de este año al mejor reportaje fotográfico, gracias en buena parte a la decisión de Cyndie French y su hijo Derek de abrirle la puerta de sus vidas durante un año. La historia es trrágica pero en ensayo visual tiene una profundidad desgarradora. Si quieres concoer más sobre este caso, puedes leerlo aquí.

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9/4/07

La tormenta


No es perfecta, pero sí una tormenta espectacular. Una de las que han desatado su furia apocalíptica sobre Santiago en los últimos días. Y ahora tengo entradas de primera fila para la fiesta... (puedes pulsar sobre la imagen para ampliarla)

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14/3/07

Los guardianes


Los guardianes de lo políticamente correcto no descansan. Un día persiguen una imagen de Steve Klein para D&G y al día siguiente la toman con un anuncio de Armani Junior. Claro que, en este caso, y a la vista de la fotografía, es aún más fácil observar que la perversión anida en el ojo del que mira y no en el objeto de su atención.

De otro modo no se entiende cómo se puede considerar una incitación al turismo sexual la fotografía de dos niñas orientales. Si el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, que es quien ha puesto el grito en el cielo por el anuncio, ve tales cosas en este anuncio, qué no deducirá de la publicidad infantil de Benetton y de tantas marcas que incluyen modelos infantiles en sus anuncios en actitudes semejantes a las de los adultos.

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6/3/07

En defensa de Steven Klein


Steven Klein (1962) es uno de esos fotógrafos capaces de concentrar las miradas. Sus imágenes ni son inocentes ni lo pretenden. Su forma de hacer es teatral y sus motivos provocadores (algo que el mundo de la moda ha sabido ver como nadie), pero es un creador de primer orden cuyo talento no discute nadie capaz de observar el mundo con un mínimo de honrada curiosidad. Por eso sorprende tanto que los bienpensantes y los políticamente correctos se hayan dado cita a la hora de lincharle. Se diría que la buena sociedad que condenó a los impresionistas está de vuelta. Y les gustaría quemar incluso a Rubens, no vaya a ser que los sátiros se conviertan en un estímulo para los violadores.


Todo el problema ha sido una fotografía que forma parte de la serie que Klein ha realizado para la última campaña publicitaria de Dolce & Gabbana. Alguien ha querido ver en ella violencia contra las mujeres sin detenerse siquiera a observar los detalles ("Son imágenes que exploran la delgada frontera entre la moralidad y la i
nmoralidad, dos dimensiones paralelas que coexisten y que dividen el mundo", en palabras de los diseñadores que encargaron el trabajo y que no ocultan su decepción con la polémica montada en España).
Los nuevos guardianes de la moralidad tampoco se han parado a contemplar el resto de las imágenes; de otro modo conocerían el gusto de su autor por la narración visual. La fotografía de la polémica ilustra la entrada de este post. Si han visto en ella apología de las agresiones sexistas, me pregunto qué verán en esta otra...


Si tienes ganas de observar por ti mismo, visita la web del fotógrafo aquí.

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1/3/07

Gregory Colbert


Ashes anb Snow es, probablemente, uno de los proyectos fotográficos más ambiciosos de los últimos años. Su autor, el fotógrafo canadiense Gregory Colbert (Brantford, 1960), ha dedicado diez años a inmortalizar la relación entre los animales y los seres humanos en muy diferentes lugares del mundo. Sus imágenes recogen la trascendencia de ese vínculo sin necesidad de utilizar retoques digitales: lo que se ve es lo que estaba delante del objetivo de la cámara en el momento de pulsar el disparador. De visita obligada para quien tenga ocasión de verla en persona, aunque a partir del 11 de marzo será impresicindible desplazarse a Tokyo, donde la muestra permanecerá hasta el próximo mes de junio.


Gregory Colbert comenzó a trabar con imágenes en París como documentalista. La realización de películas le llevó a su trabajo como fotógrafo artístico, y la primera exposición pública de su obra tuvo lugar en el Musée de l’Elysée de Suiza.

Su trabajo para la composición de Ashes and Snow le llevó a la India, Birmania, Sri Lanka, Egipto, Dominica, Etiopía, Kenia, Tonga, Namibia y la Antártida y todavía no ha terminado. La exposición se inauguró en 2002 en Venecia y desde entonces ha pasado por Nueva York y Santa Mónica (California). Durante este tiempo más de un millón de personas han podido contemplar con sus propios ojos un centenar largo de obras de arte fotográficas en gran formato, una película de una hora y dos películas haiku de nueve minutos. Ninguna de las imágenes se ha manipulado de forma digital para aparecer en collage o superpuestas. Registran lo que el artista vio a través del objetivo de su cámara.

Los trabajos fotográficos de soporte mezclado combinan los tonos ámbar y sepia sobre papel japonés hecho a mano. Las obras de arte, de aproximadamente un metro y medio por dos y medio, se edxponen sin ningún texto explicativo, fomentando una interacción abierta de los espectadores con las imágenes.
La página web de Ashes and Snow es magnífica. Y aquí podéis ver un breve vídeo con algunas imágenes.




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14/2/07

Desirée Dolron


Desirée Dolron (Holanda, 1963) expone en la feria de arte contemporáneo de Madrid (Arco). Se serie Xteriors explora desde 2001 el legado iconográfico y el dominio de la luz de los pintores flamencos, especialmente los del inevitable Johannes Vermeer. Lo suyo es el rostro impenetrable y una cuidadísima iluminación alterada digitalemente que otorga a sus imágenes una belleza inquietante. Estas fotografías forman parte de un proyecto más extenso con el que Dolron trata de construir un universo imaginario a partir de elementos del mundo real (La imagen es Xteriors XIII).

Art Neutre? recoge algunos detalles sobre Desirée Dolron: "La autora de estas imágenes dedicó nueve años, entre 1990 y 1999, a documentar los rituales religiosos de la India, Malasia, Pakistán y Tailandia, que posteriormente se integraron en la obra Exaltación, Imágenes de Religión y Muerte, en la que los detalles, las caras y los paisajes expresan con vehemencia la atmósfera de sacrificio y sufrimiento del ritual. Sus fotos muestran entre el terror y la fascinación la iliminación mística que afecta al crucificado, el poder del fuego o de un objeto religioso sobre la realidad de los hombres. Posteriormente dedicó seis meses a fotografíar a los vecinos de un barrio de La Habana".

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13/2/07

Loretta Lux


Las imágenes de Loretta Lux (Dresden, 1969) tienen tanto impacto que es muy difícil pasarlas por alto sin detenerse a contemplarlas. La profundidad de los ojos infantiles que retrata, la delicadeza con la que reconstruye la realidad con técnicas digitales y pictóricas y el talento con el que nos obliga a sentirnos observados dicen mucho acerca del potencial de esta fotógrafa alemana, admiradora de Francis Bacon y consagrada internacionalmente desde que expuso su obra en una galería neoyorquina en 2004.

Lux tarda al menos dos meses en completar cada una de sus obras mediante una combinación de diferentes fotografías seleccionadas a través de un proceso muy estricto que incluye la selección de los modelos, en su mayoría hijos e hijas de amigos y el vestuario. No son retratos, aunque los modelos puedan reconocerse, porque han sido alienados de su identidad particular. El resultado, como ella misma de, es "una metáfora de la inocencia y el paraíso perdido" que comenzó a crear en 1999, aunque no quiso mostrarlo hasta (según sus propias palabras) "estar preparada". Su forma de trabajar incluye la realización de centenares de fotografías del protagonista antes de seleccionar una que combinar con un fondo que ella misma pinta o que recoge durante sus viajes a diferentes lugares de Europa. Puedes ver una galería de fotos suyas aquí.

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11/2/07

La vulgaridad es bella


La historia de David Lachapelle (Fairfield, Connecticut, 1969) enlaza la excepcionalidad de Andy Warhol con el presente desbordado y colorista de la moda y la creación artística. En un mundo que ha perdido en poco tiempo a figuras de la talla de Herb Ritts y Helmut Newton, las suyas son las imágenes de uno de los grandes del surrealismo, un fotógrafo llamado a definir lo iconografía de la primeras décadas del nuevo milenio.

A sus fotografían hay que añadir un singular trabajo en el mundo de la publicidad y, sobre todo, Rize, una experiencia imprescindible en el mundo de los documentales. Si todavía no lo conoces, no dejes de visitar su página web. Y lee el reportaje que sobre él publicó recientemente El País bajo la firma de Eugenia de la Torriente:

Es el maestro de la fantasía, la imaginación, el erotismo y el surrealismo. Tras 20 años fotografiando a las grandes estrellas en situaciones imposibles edita un libro gigantesco que recopila lo mejor de toda su carrera y además se estrena como realizador de largometrajes.

Cuando Andy Warhol murió, las cosas se torcieron para David LaChapelle. Era 1987 y los nuevos editores de la revista Interview, en la que el chico de Connecticut que Warhol conoció en una fiesta había aprendido a hacer fotos, le echaron. Él dedicó dos años a trabajar los negativos de color hasta conseguir un vibrante espectro cromático que se convertiría en una de sus señas de identidad. Cuando volvió al negocio nadie quería ver su book. “La gente decía: ‘Está acabado’, ‘Ya no tiene 19 años”, recordaba LaChapelle en una entrevista concedida en 1996.

Hoy, 10 años después de esa entrevista y a casi 20 de su despido, pasados ya los 40, LaChapelle tiene una prueba más que evidente de cuánto se equivocaron los que le enterraron a los 25. Más de una, en realidad: 2.500, para ser exactos. Cada una viene en una caja de 35 por 50 centímetros y tiene 698 páginas y una firma suya. Cada una cuesta 1.500 euros. Cada una es un libro, Artists & prostitutes, edición limitada publicada por Taschen que recoge los mejores trabajos de su carrera entre 1985 y 2005. Una categoría que, tratándose de LaChapelle, significa las imágenes más circenses y provocativas que su imaginación ha ideado. Y que personajes tan mediáticos como Eminem, Madonna, Drew Barrymore o David Beckham se han prestado a interpretar.

“Mis fotografías son escapistas. Para mí la fotografía es fantasía”, afirmaba en 2001 LaChapelle en American Photo. Estrellas del porno, rockeros y modelos situados en un escenario artificial y artificioso que abraza con pasión los símbolos de la cultura pop y aquella parte de la realidad estadounidense que no encaja en las convenciones del buen gusto: centros comerciales, hamburguesas gigantes, autopistas anónimas. Y todo ello con la menor cantidad de ropa posible, por favor: Eminem, desnudo, sujetando un fálico cartucho de dinamita entre sus muslos; Amanda Lepore, su transexual favorita, esnifando diamantes; la rapera Lil’Kim, también desnuda y sólo cubierta por el logo Monogram de Vuitton, como si ella misma se hubiera convertido en un bolso… Reivindicar la vulgaridad y redimirla como belleza.

Una vocación por lo carnavalesco y lo delirante que le ha reportado una de sus más recurrentes etiquetas. El nuevo surrealista. El Fellini de la fotografía. El heredero del maestro francés Guy Bourdin (una de las pocas influencias confesas, junto a Helmut Newton y Diane Arbus, de un hombre que odia la nostalgia). Tal vez, uno de los primeros en encasillarle en esa categoría fuera uno de sus iniciales valedores. James Truman, directivo de Condé Nast que publicó su trabajo en la revista Details, declaraba a The New York Times en 1994: “El suyo es un surrealismo muy contemporáneo. Una especie de mezcla del dadaísmo, la diversión de los años cincuenta, el mal gusto de los setenta y la cibercultura de los noventa”. Una suma de referencias que desde entonces ha permanecido como la ecuación favorita para definir a David LaChapelle.

Entre estos elementos, uno a tener especialmente en cuenta. El lúdico. Para un hombre cuyo mayor éxito es que alguien arranque una fotografía suya de una revista y la pegue en la nevera –“ésos son hoy los museos”–, reírse de casi todo es lo importante. Diversión era lo que buscaba su teatral y aburrida madre cuando vestía a su hijo pequeño con alas de papel y le retrataba como un ángel. O cuando disfrazaba a sus tres vástagos con complicados atuendos y les hacía posar frente a mansiones de extraños. “Mi madre construía su realidad a través de esas fotos. Tal vez de ahí saqué la idea de fabricar fantasías en imágenes”, reflexionaba en 1999 en la revista i-D. Aunque no todo en la infancia de LaChapelle fueron juegos y risas. A los 15 años, el instituto de Farmington podía ser un lugar bastante duro. “Fue una época jodida. Básicamente era un marginado. Me interesaba el punk rock y el disco, y sólo iba a clases de arte. La gente me tiraba cosas en la cafetería porque vestía distinto a los demás. Todo el mundo asumía que era gay y me insultaba. Había veces que no lo soportaba”, confesó a The Advocate en 1996. Así que empaquetó sus cosas y dejó su casa para conocer el fascinante espectáculo de Nueva York al inicio de los ochenta.

En el suelo de la más mitificada pista de baile de la época, Studio 54, dice la leyenda que encontró un pendiente que vendió para comprar su primera cámara. Luego descubriría que la joya pertenecía a Paloma Picasso. Cuento o realidad, lo seguro es que, tras un año en Nueva York, el adolescente LaChapelle fue aceptado en la escuela de arte de North Carolina gracias a sus dibujos y pinturas. Y aquél fue el lugar en el que descubrió la fotografía. “Estaba muy interesado en el realismo y en el arte figurativo, así que la fotografía me pareció una forma más eficiente de reflejar la realidad. Nunca volví a dibujar tras coger la cámara”, declaró en 1996. Paradójicamente, el maestro del artificio llegó a la fotografía en busca de veracidad. Pero en un oscuro y triste episodio de su vida, su punto de vista cambió. Radicalmente.

De vuelta en Nueva York, LaChapelle le enseñó sus fotos a Warhol. “Estupendo”, dijo el artista. Y le contrató para su revista. Las cosas empezaban a ir bien cuando, en 1984, su novio desde hacía tres años murió de sida. Al dolor por la pérdida se le unió la incertidumbre sobre su propia salud. Y a las pruebas que despejaron ese miedo concede LaChapelle una notable influencia sobre su estilo. “Esos resultados cambiaron mi vida”, dijo en 1996. “Después de ellos quería volver a reír y tomar un tipo distinto de foto”. Vital, alegre, sexy, provocativa, sin prejuicios, libre y entretenida; simple y llanamente, entretenida. Un mensaje que ha seducido igual a Vogue que a Rolling Stone, lo mismo a Diesel que a L’Oréal. Sueños e imposibles capturados en una imagen altamente manipulada. “Cambio hasta las caras con el ordenador. No hay límite. No hay razón para ello. Nada es, en realidad, puro. Todo lo que haces en fotografía es artificio”.

Pero no todo lo que hace LaChape-lle es fotografía. Con un cortometraje de seis minutos en que satirizaba a Donatella Versace y Giorgio Armani y con un anuncio de 50 segundos para la cadena MTV en el que Madonna y Courtney Love parodiaban a las protagonistas de ¿Quién teme a Baby Jane? descubrió el poder de la imagen en movimiento. Y dada su cercanía con las estrellas de la música, de ahí a los vídeos medió un pequeño paso. Se estrenó en 1997 con un clip para el grupo Dandy Warhols, y dos años después, con su tercera creación (Natural blues, de Moby, en la que Christina Ricci era un ángel, y el músico, un anciano), se alzó con un montón de premios que le encumbraron como el realizador de moda. Elton John, Jennifer López, Christina Aguilera o Norah Jones son sólo algunos de los que han contado con él para convertir su música en sofisticada y alocada película. Pero, ay, LaChapelle necesitaba más.

“He estado trabajando con famosos durante 20 años. Algunos proyectos son gratificantes, pero en otros me he encontrado con una famosilla sin talento a la que voy a hacer un vídeo que no le interesa nada. Había un vacío. Quería hacer algo, pero no sabía qué”, declaraba en 2005. La respuesta la encontró en la calle. En el conflictivo barrio de South Central, en Los Ángeles, donde jóvenes e increíbles bailarines han creado el krumping. “Lo más explosivo que he conocido desde el break dance”. Un movimiento de vertiginosas contorsiones que ha retratado en Rize, su primer documental y largometraje, que en 2005 pasó por los festivales de Sundance y de Tribeca, en Nueva York. Aunque, tratándose de LaChapelle, que nadie espere un documental al uso. “No tenía intención de hacer una película didáctica y política, sino una entretenida que la gente fuera a ver al cine. Los personajes explicando sus historias, sin expertos ni estadísticas”. Esto es espectáculo, por supuesto, y nadie lo sabe mejor que él, que ha hallado la respuesta a su vacío en jóvenes de un barrio deprimido que se convierten en héroes a través del baile, pero sin que eso signifique un abandono de su pulsión por lo brillante, lo decadente y lo glamouroso. Después de todo, éste es el hombre que dijo: “Yo no quiero fama, sólo hacer fotos famosas”. Y el que ya dispone de un gigantesco libro (casi 700 páginas, recuerde) lleno de ellas.

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