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2/10/08

Malos tiempos para las redacciones (y la democracia)

(La fotografia es de Mark Lennihan y muestra la primera intervención de Rupert Murdoch, subido en varias cajas de papel, en la redacción de The Wall Street Journal apenas unos días después de haber comprado la matriz del diario)

"El declive de los periódicos no tiene que ver con la sustitución de la anticuada tecnología de impresión de las noticias por la velocidad de Internet. No es una señal de un inevitable y saludable cambio. No es una forma de progreso. El declive de los periódicos tiene que ver con el auge de las grandes corporaciones, la pérdida de la ciudadanía y la responsabilidad pública por parte de gran parte de nuestra clase empresarial y la pobreza intelectual de nuestro post-alfabetizado mundo, en el que la información se transmite sobre todo a través de imágenes en movimiento y no de medios impresos".

Un artículo de Chris Hedges publicado en Truthdig. El resto, tras el salto.


"Todas estas fuerzas se han combinado para estrangular los periódicos. Y la sangre en el suelo, sólo este año, es desalentadora. Unos 6.000 periodistas a nivel nacional han perdido sus puestos de trabajo, las páginas de noticias se están reduciendo radicalmente y los periódicos han caído. Los ingresos por publicidad han bajado drásticamente. McClatchy Co, editor de The Miami Herald, ha visto caer sus acciones un 77% este año. Lee Enterprises Inc, que posee The St Louis Post-Dispatch, ha sufrido una reducción del 84%. Gannett Co, que publica USA Today, ha reducido un 17% su volumen de negocio. The San Francisco Chronicle está perdiendo un millón de dólares por semana. 

Internet no salvará los periódicos. Aunque todos los importantes, y la mayoría de los más pequeños, tienen páginas web desde hace tiempo, representan menos del 10% de los ingresos por anuncios. Los analistas dicen que aunque la publicidad neta asciende a 21.000 millones de dólares al año, esta cantidad en realidad es relativamente pequeña. Hasta el momento, las grandes anunciantes se han quedado fuera, ya sea porque no están seguros de cómo utilizar Internet o porque sospechan que la atención sobre la Red no coincide con la de los mayores medios de comunicación.

Los periódicos, cuando hacen su trabajo, aportan confianza al público. Proporcionan, en su mejor versión, los medios para que los ciudadanos por sí mismos examinen las mentiras y el abuso de poder de los representantes electos y de las empresas corruptas; sirven para dar una voz a aquellos que, sin la prensa, no tienen voz, y hacen un seguimiento, imposible de ejercer por parte de un ciudadano privado, del funcionamiento diario de las instituciones locales, estatales y del Gobierno federal. Los periódicos contratan profesionales para escribir sobre el ayuntamiento, la capital del Estado, las campañas políticas, los deportes, la música, el arte y el teatro. Profesionales que son los que mantienen a los ciudadanos conectados con su patrimonio cultural y con la vida cívica y política. Cuando comencé como corresponsal extranjero hace 25 años, la mayoría de los periódicos importantes de la ciudad tenían oficinas en América Latina, Oriente Medio, Europa, Asia y Moscú. Reporteros y fotógrafos americanos mostraron a los lectores cómo era el mundo más allá de nuestras fronteras. La mayor parte están desapareciendo o han desaparecido.

Vivimos bajo la feliz ilusión de que podemos transfererir el tratamiento de las noticias a Internet. La recopilación de noticias seguirá existiendo, como se hace en Truthdig y sitios como ProPublica y Slate, pero estas tradiciones ahora tienen que lidiar con una nueva, extendida e ideológicamente impulsada por el partidismo, que domina la difusión de opiniones y de información, desde Fox News a Blogger. La mayoría de los bloggers y de los adictos a Internet, al igual que la interminable lista de cabezas parlantes de la televisión, no informan. Son, en gran medida, parásitos que se aferran a los productores tradicionales de noticias. Pueden producir ingeniosos y perspicaces comentarios, que felizmente han destrozado el monopolio de la opinión de las grandes periódicos, pero rara vez cogen el teléfono, y mucho menos salen a la calle y encuentran una historia. Casi todas las informaciones ¬–me imagino que al menos el 80%– las producen los periódicos y las agencias. Prescindamos de eso y tendremos un enorme agujero negro.

Los que confían en Internet acuden a las páginas que refuerzan sus creencias. El filtrado de información a través de una lente ideológica, que está destruyendo el periodismo de televisión, desafía el propósito de la presentación de noticias. El periodismo tienen por objeto transmitir información sin que importe lo que piensas. La información desafía y desestabiliza las creencias establecidas. La difusión de noticias, cuya elaboración consume mucho tiempo y con frecuencia es muy costosa, comienza a partir de la premisa de que hay cosas que necesitamos saber y entender, incluso si estas cosas nos hacen sentir incómodos. Si perdemos esta ética nos quedaremos con el partidismo, inundados por un mar de propaganda. Los usuarios de blogs, a diferencia de la mayoría de los periodistas, rara vez admiten errores. No pueden ser despedidos. Los hechos, para muchos bloggers, son intercambiables con las opiniones. Echa un vistazo al Informe Drudge. Este puede ser el nuevo rostro de lo que llamamos noticia.

Cuando las organizaciones de noticias tradicionales quiebren se perderá experiencia e información. Nuestra democracia sufrirá un golpe enorme. No el que mucho esperan. El promedio de tiempo que un lector de The New York Times dedica al papel impreso es de aproximadamente 45 minutos. El promedio de tiempo que un espectador pasa en el sitio web de The New York Times es de aproximadamente siete minutos. Hay una diferencia entre la navegación y la lectura. Y la Web está construida para navegar no para leer. Cuando se trata de un artículo largo en Internet, la mayoría de nosotros tiene que imprimirlo.

El auge de las grandes corporaciones estatales es, sin embargo, lo que más ha contribuido a diezmar la forma tradicional de confeccionar las noticias. Time Warner, Disney, News Corp, General Electric y Viacom controlan casi todo lo que leemos, vemos, escuchamos y, en última instancia, pensamos. Y las noticias que no consiguen beneficios, aquellas que no desvían la atención de la gente de la participación cívica y de los desafíos del statu quo, no vale la pena perseguirlas. Es por eso que las agencias han cerrado sus oficinas en el extranjero. Esta es la razón de que los telediarios, con la frivolidad de sus comunicadores, tengan todos el aspecto y el sonido del show del día. Esta es la razón por la que la FCC, en un ejemplo de hasta qué punto nuestros estándares han caído, define el programa de chismes TMZ de la Fox y el 700 Club de la Christian Broadcast Network como “informativos”. Esta es la razón por la que personalidades de las noticias en televisión, gente como Katie Couric, se han convertido en celebridades que ganan, en su caso, 15 millones de dólares al año. Esta es la razón por la que periódicos como Los Angeles Times y Chicago Tribune están siendo despiadadamente canibalizados por trolls corporativos como Sam Zell, convertidos en cáscaras vacías que se centran cada vez más en el periodismo boutique. Las corporaciones no están en el negocio de las noticias. Odian las noticias, las noticias reales. Las noticias reales no convienen a sus abusos. Las noticias reales hacen que la gente haga preguntas. Prefieren cerrar los ojos indiscretos de los periodistas. Prefieren transformar las noticias en otra forma sin sentido de diversión y de entretenimiento.

Una democracia sobrevive cuando sus ciudadanos tienen acceso a fuentes de información imparciales y de confianza, cuando pueden discernir la verdad de la mentira. Prescinde de esto y la democracia se muere. La fusión de noticias y entretenimiento, el surgimiento de una clase de periodistas famosos en la televisión que definen la información por su acceso a las celebridades y a los poderosos, el retiro de muchos lectores en los guetos ideológicos de Internet y la despiadada campaña por parte de las corporaciones para destruir el negocio tradicional de las noticias nos dejan sordos, mudos y ciegos.

Nos están entreteniendo inteligentemente durante la caída. Tenemos nuestra propia versión del pan y el circo de la Antigua Roma con nuestros ubicuos y elaborados espectáculos, eventos deportivos, chismes de celebridades y telerrealidad. Las sociedades en declive, como escribió el filósofo romano Cicerón, ven su discurso político y cívico contaminado por la excitación y la vida emocional de la arena. Y los ciudadanos, en estas sociedades degradadas, advirtió, siempre terminan gobernados por un déspota, sea éste Nerón o George W. Bush".

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30/9/08

La tormenta


Un día para poner las barbas a remojar: mil despidos en la ITV británica y 110 empleados de The New York Sun en el paro por el cierre definitivo del periódico. La tormenta ya está aquí...

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21/5/08

El cotilleo no es periodismo


Lo que define el periodismo no es el hecho de contar cosas. En ese campo caben desde la literatura a la dialéctica y ninguna de las dos tienen que ver, por necesidad, con la verdad. Esa es la razón por la que me resisto a considerar el cotilleo un género periodístico. No lo es, del mismo modo que la sanación tampoco puede catalogarse como una rama de la medicina. Lo que algunos hacen en los programas del corazón no es periodismo; es cotilleo, y por eso quienes lo ejercen sólo pueden se calificados como cotillas.

(La imagen es, huelga decirlo, de Norman Rockwell)

Los cotillas, tengan o no una licenciatura en periodismo, bellas artes, derecho o ingeniería genética, son cotillas, no periodistas. Si quisieran serlo, tendrían que ejercer como tales, y eso supondría cumplir los principios del periodismo (Kovach y Rosenstiel; Los elementos del periodismo, 2003). La lista es larga, pero en ese caso basta con citar dos de ellos:
1. La primera obligación del periodismo es la verdad. Contar chismes no tiene nada que ver con la verdad; tiene que ver con hechos no necesariamente ciertos con los que “generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras” o simplemente murmurar o maledecir. Así que en esos programas ni hay periodistas ni se ejecer el periodismo: hay cotillas y se murmura.
2. La esencia del periodismo es la disciplina de la verificación. Los cotillas no comprueban lo que dicen porque requiere esfuerzo y eso les distrae de su objetivo principal: denigrar a otras personas. Si algo les caracteriza es precisamente su falta de rigor. Esa es su verdadera naturaleza.
La demanda de Telma Ortiz puede que esté mal planteada pero tiene todo el sentido del mundo. La invasión de la intimidad, hasta lo más nimio, y el acoso callejero no son prácticas que se puedan sostener con argumentos periodísticos y, desde luego, no tienen nada que ver ni con la libertad de expresión ni con el derecho a la información. Los cotillas que tratan de justificarlas se agarran al periodismo en busca de una legitimidad de la que carecen. Por eso es tan importante que los periodistas denuncien a los cotillas y, si los tribunales no disponen de las herramientas que necesitan para poner coto a los desmanes del chismorreo, salgan en defensa de las reformas legales necesarias para devolver los payasos al circo, de donde nunca deberían haber salido.

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16/5/08

¿Expertos?


Socialistas y nacionalistas acaban de pactar (en secreto, sin que se sepa por qué y con esa actitud vergonzosa que los mortales adoptan cuando se saben culpables de actos impuros) el desbloqueo de la reforma de la ley que regula la radio y la televisión pública de Galicia. Al menos eso dicen sus dirigentes, porque está por ver su voluntad real de pasar de las palabras a los hechos. Lo han hecho, eso sí, anunciando la creación de una comisión de expertos (un amigo mío se echa a temblar cada vez que escucha a un político recurrir a un experto) que no hace sino aumentar las dudas acerca de la verdadera intención de la Xunta. Estas son mis razones para no creer en la sincera voluntad de cambio de nuestro Gobierno.

1) Tres años perdidos. Durante 36 meses, PSdeG y BNG se han limitado a demorar la solución del problema y a gestionar, en su propio beneficio, el modelo del PP. Habrá quien diga que los nacionalistas sí han querido cambiar las cosas, pero no es creíble: sus quejas tienen que ver con el hecho de ser parte perjudicada en el vergonzante reparto que ambas fuerzas políticas hicieron del botín audiovisual. Cuando comenzó todo se repartieron los puestos: las dirección general, la jefatura de informativos de TVG y la dirección de la radio, para el PSOE; la dirección de TVG y la jefatura de informativos de la radio, para el BNG. Hoy es fácil para cualquiera advertirlo en las noticias.

2) Nada que inventar. La excusa de que hay que pensar bien los cambios ofende a la inteligencia. Hace muchos años que se sabe cómo solucionar el problema. Es más, lo saben hasta los dirigentes de PSdeG y BNG. Podemos perder el tiempo debatiendo hasta la extenuación si los políticos deben pesar un 49% o un 0% a la hora de decidir lo que la radio y la televisión pública deben o no deben emitir (especialmente en los informativos), pero de lo que no hay duda es de que no debemos permitirles conservar el control. Si lo hacemos, como ellos quieren, sólo estaremos dándoles la razón, admitiendo que la información debe someterse al poder. No pareced un buen mensaje para la salud del sistema democrático.

3) Lo que los políticos entienden por expertos. Los políticos entienden por expertos, por regla general, personas que pueden dirigir e una u otra dirección. El que no lo crea que eche un vistazo a la composición del actual consejo de administración de CRTVG en el que, según la ley, sólo deberían sentarse personas de reconocido prestigio (reto a cualquier a citar uno solo que cumpla esta condición).

4) La exclusión de los periodistas. A riesgo de equivocarme, me atrevo a adelantar que el comité de expertos no incluirá a los periodistas y, específicamente, a su única expresión legal, el Colexio de Xornalistas de Galicia. No sólo por su independencia, que la tiene, sino porque es sin duda la institución que más tiempo y energía ha dedicado a promover la reforma de los medios de comunicación públicos.

¿Todo para qué? Para que el trámite de la ley decaiga con la convocatoria de las elecciones, Y vuelta a empezar...

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16/4/08

Mi fe se ha quebrado


Durante años he mantenido y defendido la necesidad social de los medios de comunicación de titularidad pública. Lo he hecho porque creo que tienen un papel que cumplir, especialmente en el marco de un sistema audiovisual muy diversificado en el que las reglas de la competencia dejan muy escaso margen a los contenidos de calidad más allá del entretenimiento y las producciones de ficción. Tanto lo he creído que, siempre que se ha planteado la cuestión, he apostado por la (impopular) solución de unos medios sin publicidad, libres de tener que rendir cuentas a los vaivenes de la audiencia y financiados directamente a través de los presupuestos. Mi fe, sin embargo, se ha quebrado. Definitivamente.

La causa de mi descreimiento tiene mucho que ver con los partidos políticos y la experiencia del cambio de gobierno en Galicia. Los quince años de dominación del PP sobre la radio y la televisión autonómicas no enseñaron nada al PSdeG y al BNG (o quizá enseñaron demasiado). El resultado es que entre unos y otros han demostrado que no hay esperanza para unos medios sometidos a un férreo control político e ideológico. Unos medios que siguen sin entender cuál es su papel en una sociedad necesitada de contenidos audiovisuales alternativos. Unos medios que deberían tener prohibido reproducir las prácticas más perversas de sus homólogos privados.
A estas alturas, ya sólo queda el argumento de la normalización lingüística para justificar el derroche de dinero y energía que conlleva mantener en pie la Compañía de Radio Televisión de Galicia (CRTVG). Pero ya ni eso se sostiene, especialmente cuando está en manos de la administración la posibilidad de condicionar al uso del gallego la concesión de canales de televisión digital terrestre.
La gota que colma el vaso, la madre de todas las transgresiones, la última burla de todo lo que debe ser y representar la responsabilidad social de los medios públicos es esa especie de remedo enxebre del tomate que presenta superpiñeiro cada tarde en TVG. Tengo amigos (buenos amigos) que trabajan en la televisión y la radio públicas, que son grandes profesionales, creen en el modelo y no se lo merecen pero, lo siento, yo he dejado de creer.
Privaticemos CRTVG. Y pongamos punto y final a tanto despropósito.

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3/3/08

Cousas que habería que cambiar


Ocórrenseme polo menos cinco cousas que habería que cambiar para que o debate entre os líderes políticos galegos que previsiblemente terá lugar na campaña das autonómicas no sexa como o das eleccións xerais que emitiu TVG a semana pasada:


  1. Unha organización independente. Sí, xa sei que alguén dirá que CRTVG o foi, pero tamén hai quen sostén o contrario. Polas dúbidas, eupropoño dende xa ó Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia, una entidade de dereito público creada co apoio de tódolos partidos e á que todo o mundo (alomenos todo o mundo razoable) recoñece ter mantido posicións críticas coas prácticas da Xunta tanto na época do PP como na do bipartito.
  2. Tres debates en vez de un. O triángulo organizado por TVG distou moito de ser equilátero (ás veces parecía isósceles) e nestas circunstancias o xogo de alianzas adultera a discusión. É, por así decilo, como permitir os pactos no parchís: detúrpase o espíritu do xogo. Eu propoño tres debates a dous: Touriño-Feijóo, Feijóo-Quintana e Quintana-Touriño. Nesta orde ou noutra, eso tanto ten (para eso sí valen os sorteos). Dese xeito os cidadáns terán ocasión de contrastar que separa de verdade a PP e PSOE, pero tamén a PSOE e BNG e a PP e BNG (cuestión fundamental que se nos furtou no debate da galega).
  3. Xornalismo, por favor. Ata o de agora o importante era que debateran, así que ninguén quixo poñer pegas formais. Pero xa temos visto o que pasa cando os políticos son os que fixan as reglas: moito ruido e poucas noces. Por eso fai falla xornalismo, para facer as preguntas que lles interesan ós cidadáns. Se queren conservar un moderador que faga de garda de tráfico, por min ben, pero o que de verdade importa é un panel de xornalistas que fagan preguntas e impidan ós políticos que podan limitarse a ler os textos que levan preparados.
  4. Menos lobos. Os telespectadores dos países nos que o debate políticos é habitual quedarían perplexos vendo cómo tratamos de converter os debates nun espectáculo boxístico para novos ricos. Non viría mal un pouco de sobriedade para centrar a atención no que de verdade importa.
  5. Unha mesa, non un campo de aterraxe de helicópteros. Por que os realizadores se empeñan en situar ós candidatos tan lonxe os uns dos outros? Máis grande non significa sempre nin necesariamente mellor (tampouco en televisión). Aquí tamén deberíamos aprender daqueles países con experiencia e que sentan ós contrincantes tan perto que se poden tocar. Dese xeito e de cando en cando unha soa cámara pode amosar ó que fala e ó que escoita (ás veces ten máis interese ver que fai e como reacciona o que non ten a palabra que fixarse no que está a falar).

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22/2/08

‘Outfoxed’


“Los medios de comunicación son el sistema nervioso de una democracia”. La frase es de uno de los entrevistados en Outfoxed, un documental estrenado hace cuatro años, durante la campaña de las presidenciales que enfrentaron al demócrata John Kerry y al republicano George W. Bush. La pieza radiografía la manera en que la cadena de noticias norteamericana Fox News, propiedad del magnate australiano Rupert Murdoch (el empleador de José María Aznar, por si alguien todavía no lo ha situado ideológicamente), manipula la realidad al servicio de los intereses de la derecha política y económica de Estados Unidos.

El documental contiene revelaciones escalofriantes, al menos para quienes creemos en las exigencias de servicio al público del periodismo, y aporta datos esenciales para quien quiera conocer el cómo y el porqué del resultado electoral de las presidenciales norteamericanas de 2004.
Para nosotros, además, tiene un elemento de interés añadido: es perfectamente posible relacionar la estrategia de Fox News entonces (y en la actualidad, porque nada ha cambiado al respecto) con la de los periódicos y emisoras de radio españoles perfectamente alineadas con la estrategia de la derecha política de este país. La actitud autoritaria de Bill O Reilly, el presentar estrella de la cadena, y el talante psicótico de Jiménez Losantos son parientes de la misma familia. Hacer esta comparación no sólo nos ayudará a entender mejor lo que está pasando aquí y ahora sino que nos hará enfrentar en mejores condiciones el hecho de que una gran parte de la población sigue creyéndose las mentiras de El Mundo y la COPE. Sus lectores y radioyentes sostienen sin rubor que el 11-M fue organizado para favorecer al PSOE y que Zapatero pactó con ETA la ruptura de España del mismo modo que los telespectadores de Fox News mantienen que en Irak se encontraron armas de destrucción masiva y que este país estaba vinculado con el ataque de las torres gemelas.
Outfoxed revela además las sombrías consecuencias que está teniendo la forma de manipular de Fox News sobre el ejercicio responsable del periodismo al forzar a los demás medios a introducir rasgos de espectacularidad cada vez más reñidos con la honestidad profesional allí donde antes sólo reinaban el rigor y el interés público. Imprescindible.

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30/4/07

Va a ser verdad (III)

“Las fuentes anónimas son al periodismo lo que los implantes de silicona a la figura femenina; parecen impresionantes al crédulo, pero algo no va bien”.

Larry King, agosto de 2005

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23/4/07

Elogio de la gente rara


A Rajoy le fascina la gente normal, la que sólo se preocupa por la vida cotidiana. Y si alguien le habla de Irak, de los pelotazos urbanísticos o del 11-M, el jovial dirigente de la derecha frunce el ceño y exige que le pregunten —dicho con sus palabras— «por las cosas que interesan a la gente».
(Xosé Luis Barreiro, en La Voz de Galicia).



Con ánimo de hacer asequible tan profundo pensamiento, Mariano Rajoy suele acompañar su sentencia con una letanía prefabricada en la que enumera las inquietudes de los ciudadanos: la vivienda, la compra, la sanidad y las pensiones. A veces concreta un poco más, y, poniéndole nombre a los problemas, concluye que los españoles también hablamos de educación, del preso De Juana Chaos y de la venta de Navarra a ETA. Pero en términos generales sólo describe como «normales» a los que confunden el mundo con su ombligo y a los que jamás piensan en los determinantes colectivos del bienestar y la justicia.

Hace treinta años, cuando iniciaba mi vida laboral, también yo era normal, porque dedicaba casi todos mis esfuerzos a comprar una casa, a ser afiliado a la Seguridad Social y a estudiar las ofertas del supermercado. Y es muy posible que fuese esa normalidad la que nos llevó a Rajoy y a mí a coincidir en la misma lista. Pero los años pasan y la gente pierde la cabeza. Y, mientras Rajoy sigue pensando en esas cosas que preocupan a la gente, yo empecé a hacer excursiones por ciertas chorradas macabeas que sólo sirven para esterilizar el debate y entretener a las minorías selectas.

Se puede hablar, como a mí me gusta, de la construcción de Europa, o de la creación de un orden internacional justo y sin guerra, pero viene Rajoy y te asegura que la gente normal no se mueve por eso, sino por el precio de la fruta. También se puede comentar la diversidad cultural y lingüística de España, pero enseguida te recuerdan que ninguna encuesta ratifica el interés de la gente por tales banalidades. E incluso se pueden tomar los derroteros del desarrollo sostenible o de la igualdad social. Pero enseguida llega Rajoy para reivindicar las «preocupaciones de la gente», que siempre tienen que ver con su biología animal: comer, tener una madriguera, engendrar y adiestrar a la prole, y lamerse las heridas en un hospital. Y por eso estoy convencido de ser un tío rarísimo, que no acaba de conectar con la aurea mediocritas que tanto le gusta a Rajoy.

Así que escribo este artículo para darle ánimos a esa gente rara que piensa en algo más que en comer y comprar piso, y a los que creen que el orden social precede y fundamenta el bienestar de las personas. Porque estoy convencido de que la gente normal aporta muy poco al progreso común, y que sólo la gente rara se merece mis elogios..

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16/2/07

¿Signos de esperanza?


¿Hay espacio para una televisión mejor? Somos muchos los que pensamos que no. La degeneración del medio, la sobredosis de publicidad y la multiplicación de cadenas han dado como resultado un producto de difícil digestión. El futuro pasa por la televisión de pago, los canales especializados y la necesidad de asumir que, como en casi todas las cosas, si quieres calidad tienes que pagar. O no. Tal vez haya signos de esperanza.

Según Vaya Tele, algunos géneros basura están en crisis. "Telecinco ha comenzado a reaccionar ante el fracaso de los últimos realities que se han emitido (en general, no sólo el suyo) y ha suspendido la producción del que iba a ser su próximo reality show, la enésima edición de Supervivientes. La emisión de este programa estaba prevista para esta primavera, previsiblemente después de finalizar La casa de tu vida. Después de los pobres datos de audiencia que está registrando este programa, parece que la cadena no quiere correr el riesgo de poner en marcha un concurso que tiene una producción bastante costosa. Parece claro que el genero de los reality shows no pasa por su mejor momento, que ya no triunfa cualquier formato (o más bien habría que decir que ya no triunfa casi ninguno) y que cada vez resulta más arriesgado intentar innovar con este tipo de programas".
¿Llegó la hora de la sensatez? El día en que programas como Aquí Hay Tomate sean retirados de la parrilla por baja audiencia recuperaré la fe en la audiencia española.

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